
Alberto Villén
El chirreo de la puerta despierta la muerte
del gélido hierro y el mármol frío
y a voces reclama estar abierta,
abierta porque la muerte no tiene fronteras
y las flores no respiran
si no tienen de la vida el agua fresca.
Se agarrotan los pernios y la sal de los ojos
que de tanto exprimirlos se quedaron secos
y, aquellos lloros, hasta enmudecieron.
Enmudeció el corazón
y el sentimiento cerrado se quedó
en un tunel de cemento
donde solo quedó grabado el nombre.
del gélido hierro y el mármol frío
y a voces reclama estar abierta,
abierta porque la muerte no tiene fronteras
y las flores no respiran
si no tienen de la vida el agua fresca.
Se agarrotan los pernios y la sal de los ojos
que de tanto exprimirlos se quedaron secos
y, aquellos lloros, hasta enmudecieron.
Enmudeció el corazón
y el sentimiento cerrado se quedó
en un tunel de cemento
donde solo quedó grabado el nombre.
3 comentarios:
Cuando leo entre líneas se me entumece el alma.
¿Te espero mañana? Un abrazo.
Felicidades por tu blog. :)
Una poesia preciosa que llega al espirítu junto con algúnq ue otro escalofrio.
Salu2
Tas la verja,
el umbral de la muerte.
Triste ausencia.
Precioso tu poema y los sentimientos que transmite. Y recuerda, nadie se va del todo.
Un fuerte abrazo
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