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Alberto Villén Pinilla
Invadirte
fue romper las amarras
de
las permanencias sin rumbo
en
los constantes miedos,
encontrar
en el destino de mi frío
la
fiebre de tus desvaríos.
Reventar
un sueño de esperas
entre
la tela de tu piel
y
un caballo al trote y sin trabas
por
declives desbocados.
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